sábado 21 de mayo de 2011

El tiempo pretérito de la vejez

Éramos el mar,
sueños de barcas sobre las olas,
espuma rompiente en la orilla,
escamas de sal sobre la piel.

Éramos el fuego,
rugidos de llamas voraces,
pira de carne enfurecida,
costras de sangre buriel.

Éramos el viento,
golpes de puños invisibles,
tornado de sangre y de tierra,
tumores en ojos de hiel.

Ahora,
somos la nada.

lunes 22 de febrero de 2010

Caminos que dejé atrás,
pensando que eran simples piedras;
piedras que abandoné a los lados del camino,
pensando que eran calles sin salida;
salidas que descarté creyendo,
que no habría camino tras sus puertas.

Y puertas que demostraron ser sólo
piedras en el camino.
Con ellas, tropezar,
era un signo inequívoco de que estaba vivo.

miércoles 10 de diciembre de 2008

Simetría

Es ésta
una batalla donde
son los hombres los que buscan las balas,
las zanjas las granadas de mortero,
el alambre de espino la carne fresca.

El fango se alimenta de obuses
para hacer brotar flores de negras espinas;
los fusiles entonan notas que crepitan
en un armonioso y macabro allegro vivace.

Las bengalas componen fuegos de artificio
bajo los que niños envejecidos exhalan suspiros;
la sangre retorna de vuelta a los cuerpos
como un siniestro arroyo invertido.

Y así habrá de seguir,
vuelta atrás,
hasta el día en que naciones de necios
se declaren la guerra.

viernes 5 de septiembre de 2008

Sendero

Me desperté temprano;
quise pasear por los campos,
plagados de orquídeas
rojas como la sangre de los soldados
vertida para servir de abono
para flores de macabros colores.

Quise caminar, oculto
por el humo del fuego graneado
contemplando la belleza de un horizonte
insondable,
interrumpido sólo por las siluetas
de cadáveres e impedimenta abandonada.

Quise respirar el aire puro
del amanecer,
entremezclado con el hedor de los cuerpos
insepultos de hombres y bestias.

Quise escuchar el canto matinal de las aves
antes de que se tornara
en un estruendoso extertor
de agonía y dolor entreverado.

Y caminé, por un sendereo sembrado de minas,
por bosques de metralla,
por huertos de obuses,
hasta llegar al mar
donde todos los barcos de guerra
se hunden para formar corales
infinitos.

jueves 8 de noviembre de 2007

El fin de todas las guerras

La ira devora nuestras entrañas,
nuestra templanza quedó atrapada
en el silbido de la última bala.
Habrá de ser el ocaso quien certifique
la hora exacta de esta defunción en vida;
funesto doctor,
que toma el pulso escarbando en el barro,
que bebe de las charcas de nuestros anhelos
y que a la eterna resaca de Baco
rinde fervorosa pleitesía.

Ardan por siempre nuestras escamas,
hasta el día en que el humo
exhalado por nuestros cuerpos cubra
el orbe entero,
y nunca más se repita
esta vil pero necesaria contienda.

Entonces,
sólo entonces,
seremos uno con el infinito.

Y volveremos a reír
despreocupados como niños
saltando debajo de la lluvia.

sábado 4 de agosto de 2007

Escaparemos entre las sombras,
sumergiéndonos en los bajíos,
silentes en las noches de las estepas,
avanzando a través de bosques frondosos,
saltando sobre las piedras del torrente;

correremos sobre los rápidos del río,
ocultándonos tras los juncos de la orilla,
arrancando las espigas de trigo a nuestro paso,
clavando nuestras huellas en las nieves;

volaremos sobre las copas de los árboles,
arrastrándonos por la arena de las orillas,
surcando las dunas del desierto,
escalando las cimas de los montes,
hollando la hierba de los valles.

Quemando, siempre, los campos que atrás dejamos,
para nunca llegar a ningún sitio.

jueves 29 de marzo de 2007

Asalto

Cruzamos tierra de nadie
y saltamos al foso.
Nos recibe una andanada de fuego, destellos
que barren nuestras filas
entre el estupor del embate y el dulce sabor de la sangre.
Hincamos nuestras bayonetas
en el pecho de nuestros adversarios;
alaridos que nos estremecen,
barro, lluvia y sudor que nos ciegan,
que duran un eterno segundo.
Cesa el ataque.
Auqellas sombras
que parecían ser
cuerpos moribundos y miembros descuartizados
se desvanecen,
al igual que los soldados aliados.
No hay nadie.
La línea enemiga está vacía,
quizá siempre lo estuvo.
Tan sólo un horizonte infinito
plagado
de vacuas trincheras por asaltar.